Misterio

Durante la última dictadura militar se llevaron a  cabo diferentes transformaciones a nivel país, tanto en el ámbito político-económico como socio-cultural, ejerciendo desde la fuerza (material y simbólica) un control y acondicionamiento de las pautas culturales. Utilizando como estrategia de fortalecimiento de poder los medios de comunicación, los cuales se mantuvieron vigentes quienes se mantuvieran bajo los parámetros oficiales, siendo censurados, excluidos y eliminados todos aquellos que contradijeran dichos parámetros.  

Los medios de comunicación fueron un recurso esencial en la construcción de discurso de poder, ya que sentaron las bases de control de la información, debido a que sólo eran difundidos los comunicados oficiales, donde como elemento clave fue la Sanción de la Ley de radiodifusión (Ley 22.285). Favoreciendo a la concentración de la información y emisión de los mensajes mediante el monopolio del desarrollo de grandes empresas avaladas por el Estado.

La ley 22.285, conocida como Ley de Radiodifusión, fue sancionada por decreto en septiembre de 1980 por el gobierno militar. Esta ley define a la actividad comunicacional como “interés público” y no de “servicio”, la cual no garantiza el acceso y participación de los distintos sectores de la sociedad, orientándose a una privatización de  medios: emisoras y canales de televisión estatales. Generando la concentración monopólica de medios y centralización del flujo informativo y cultural.

Con el derrocamiento de la dictadura y la llegada de la democracia, los medios de comunicación se fueron ampliando pero fue con el avance de las tecnologías que la distribución de la información se vio altamente favorecida. Ya para la década del ‘90, estos cambios se fueron masificando debido a los bajos costos de los equipos y de los servicios comunicacionales.

Crecieron los costos de los derechos de emisión, aumentando la segmentación en la oferta mediática, según las posibilidades de compra de los receptores/consumidores. El sector experimentó así,  procesos de expansión como también de concentración de la propiedad de los medios, en consecuencia de la aplicación de  políticas neoliberales impuestas en la gestión de Carlos Menem como a su vez por los principales grupos económicos, los cuales impulsaron a la formación de grupos multimedios oligopólicos.

Luego de que asumiera De la Rúa, la Ley de Radiodifusión seguí en vigencia sin ser cuestionado, ya que durante su gobierno cambió la forma de conducción pero no el modelo, lo que llevo a la profundización del régimen neoliberal en lugar de encarar una propuesta reformista como había prometido, agravando la crisis económica y manifestando el deterioro institucional.

Para el año 2003 el gobierno de Kirchner recibió un sistema de medios de comunicación concentrado, con una alta influencia del capital extranjero y con una exclusión considerable de ciertos sectores sociales para la posibilidad de obtener licencias de radiodifusión. Existía una sociedad “relegada a recibir información y consumirla como mercancía, incapacitada de participar en los procesos de planificación de las políticas y de la gestión de los medios a partir de la exigencia de poseer fin de lucro para acceder a la licencia de un medio de radiodifusión, que implicaba la exclusión de las cooperativas y de muchos otros actores. La herencia incluía un marco legal autoritario y centralista, con la particularidad de que desde 1983, y especialmente durante la década del ’90, se profundizaron esas características.”

En 2003 el Poder Legislativo sancionó la Ley 25750 de “Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales”. Con esta ley se pretendió proteger a  las industrias culturales, aunque también permite que empresas extranjeras adquieran hasta un 30% de las acciones de empresas de medios, lo cual hasta la fecha estaba prohibida, con la excepción de Estados Unidos que había firmado un tratado de promoción de inversiones. De esta forma los medios blanqueaban la necesidad de incorporar capitales al mismo tiempo que bloqueaban la posibilidad de perder el control de la empresa. Solo se aceptaban inversiones financiera, en medios semiquebrados.

Esta última ley y decretos enmascaraban la incapacidad de cambiar la ley que regulaba las comunicaciones nacionales desde la última dictadura militar.

Finalmente en agosto de 2009, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner envió al Congreso de la Nación un nuevo proyecto de ley para reemplazar la Ley de Radiodifusión 22.285 instituida en 1980 por la dictadura cívico-militar. El 10 de octubre de 2009, se aprobó la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, conocida como Ley de Medios, la cual establece las normas para regir el funcionamiento y la distribución de licencias de los medios radiales y televisivos en la República Argentina.

El 29 de octubre de 2013  la Corte Suprema de Justicia dictó un fallo final de 392 páginas en el que determinó la validez y la constitucionalidad general de la ley dando paso a la aplicación efectiva e inmediata de la totalidad de la Ley de Medios en Argentina.

Actualmente durante la presidencia de Mauricio Macri se publicó el 4 de Enero del 2016 en el  Boletín Oficial el decreto 267, que crea el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), y supone la confirmación de la entrada en vigencia de este organismo, además se modifican 7 artículos de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

De acuerdo con el decreto aprobado, el 29 de diciembre de 2015, el ENACOM –que controlará las licencias de medios audiovisuales y las telecomunicaciones– será un ente "autárquico y descentralizado", aunque funcionará "en el ámbito del Ministerio de Comunicaciones".

La resolución, además, establece la creación de una "Comisión para la Elaboración del Proyecto de Ley de Reforma, Actualización y Unificación" de la Ley de Medios y de Argentina Digital.

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